lunes, 12 de marzo de 2012

¿Para qué sirve el dinero?



É
rase una vez, un joven mendigo de nombre Hans Michael; él era un huérfano de doce años de edad que vivía de lo que los transeúntes le daban de limosna. Al joven Hans le preocupaba la situación tan precaria en la que vivían muchas personas y que muchas otras estuviéranse muriendo de hambre; era tanta su preocupación, que a veces se quitaba el pan de la boca para dárselo a alguien más; así de desprendido era el joven Hans. -¿Por qué hay tanta pobreza?, y ¿para qué sirve el dinero, que tanta gente rica desea más?- preguntábase muy a menudo; -cuando grande sea, muy rico seré y con la pobreza acabaré; dinero a los pobres mucho les daré-. El joven Hans todos los días se prometía ayudar a los más necesitados, y no ser, de grande, un rico avaro.

Cierto día, decidido tenía ayunar, para con su dinero poder comprar una bolsa de dulces, y así un negocio comenzar. El joven Hans, tenía mucha hambre, sin embargo, los dulces vendería, por eso encontrábase feliz ya que dinero ganaría. Al siguiente día, al despertar en el sórdido lugar donde acostumbraba pernoctar, dióse cuenta de que la bolsa de dulces ya no estaba, la habían hurtado; pobre Hans Michael, estaba muy triste. Hambriento, dirigióse hacia la calle a ver si un alma caritativa le ofrecía ayuda alguna. Una mujer regordeta y de mal talante díjole: -¡hazte a un lado mugroso, no estorbes!-; un ricacho que pasaba algo furibundo díjole también: -no tengo cambio muchacho; ¡no me vayas a tocar, tienes las manos sucias!- El joven Hans sentándose en el suelo, cedió a las lagrimas. De pronto una mano su hombro tocó y el joven Hans unas dulces palabras escuchó. -¿Qué tienes amiguito?; ¿tienes hambre?; mi nombre es Joseph Ross-. Joseph Ross, era un filántropo multimillonario que siempre al prójimo ayudaba; el joven Hans contóle lo sucedido, y por qué triste estaba. -¿Para que sirve el dinero si no es para ayudar a los demás?-, y el filántropo respondió: -para nada más-. Joseph Ross estaba encantado de conocer a un joven con tales ideales. Él era un hombre soltero de 60 años, y nunca había tenido hijos, así que decidió adoptarlo. Al joven Hans encantóle la idea de un hogar tener y en la escuela poder aprender. –Entonces mañana empezarás, irás a la escuela y de estudiar te encargarás-.

Todo sucedió entonces como Mr Ross había dicho; el joven Hans, a la escuela asistió. Era una escuela grande y hermosa, donde los hombres más ricos e importantes de la ciudad inscribían a sus hijos. El joven Hans a otros muchachos conoció, eran muy diferentes a él cuenta se dio. –Son tan frívolos y sólo piensan en fruslerías- decíase. -¿Qué tan rico es vuestro papá Hans?- preguntóle uno de ellos. –No lo sé, nunca me lo he preguntado, sólo me preocupa la pobreza que en la ciudad hay- díjoles a sus petulantes compañeros, y en seguida, a burlarse comenzaron. Uno de ellos que era muy cínico dijo: -me gustaría que todos los pobres murieren-; otro con desprecio dijo: -si, estoy de acuerdo, no hacen otra cosa mas que dinero pedir, y mi papá siempre les tiene que dar-. Brandon Doyle, que era otro chico que en el grupo encontrábase, díjole al joven Hans: -Venid conmigo Hans, no les hagáis mucho caso, cómo podéis gastar vuestro dinero os enseñaré-. Brandon Doyle era un joven con buenas intenciones que buscaba la amistad de Hans, sin embargo, muy diferentes eran; Brandon acostumbrado estaba a las comodidades de su fastuosa vida y aquello ejercía fascinación en Hans Michael. Pronto, dejó de preocuparse por lo que antes le preocupaba. Esto a Joseph Ross no le agradaba ya que Hans Michael mucho dinero gastaba. –Ya no es el mismo muchacho de antes, el dinero lo ha corrompido, apartándolo de sus ideales-. Joseph Ross profundamente herido se sintió y aquella noche en su lecho feneció. La vida de Hans Michael daba un vuelco inesperado; de ser un mendigo, pasaba a ser el único heredero de una inmensa fortuna. Al saberlo, su corazón se alegró en un acto execrable de felonía hacia el hombre que le ofreció hacer realidad sus ya marchitos sueños.

Muchos años habían pasado y Hans Michael habíase convertido en viejo. Sus amargos recuerdos eran su única compañía en su frustrada vida, vacía y sin sentido; cuya juventud, dedicado había al derroche superfluo de su fortuna. -¿Para qué sirve el dinero?, al fin mi duda resuelta está; para nublar el sentido de la razón y convertirnos en aquello que reprimimos al no conocer abundancia ni exquisitez; oh utopía por la ambición inoculada, jamás consumada será. Solo y menesteroso nací, y más solo y menesteroso me voy de este prolífico mundo que para plañir me concibió.




FIN DEL CUENTO ¿PARA QUÉ SIRVE EL DINERO?
Escrito por: Carlos de los Reyes.