miércoles, 28 de marzo de 2012
lunes, 12 de marzo de 2012
¿Para qué sirve el dinero?
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É
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rase una vez, un joven mendigo de nombre Hans
Michael; él era un huérfano de doce años de edad que vivía de lo que los
transeúntes le daban de limosna. Al joven Hans le preocupaba la situación tan
precaria en la que vivían muchas personas y que muchas otras estuviéranse
muriendo de hambre; era tanta su preocupación, que a veces se quitaba el pan de
la boca para dárselo a alguien más; así de desprendido era el joven Hans. -¿Por
qué hay tanta pobreza?, y ¿para qué sirve el dinero, que tanta gente rica desea
más?- preguntábase muy a menudo; -cuando grande sea, muy rico seré y con
la pobreza acabaré; dinero a los pobres mucho les daré-. El joven Hans
todos los días se prometía ayudar a los más necesitados, y no ser, de grande,
un rico avaro.
Cierto día, decidido tenía ayunar, para con su
dinero poder comprar una bolsa de dulces, y así un negocio comenzar. El joven
Hans, tenía mucha hambre, sin embargo, los dulces vendería, por eso
encontrábase feliz ya que dinero ganaría. Al siguiente día, al despertar en el
sórdido lugar donde acostumbraba pernoctar, dióse cuenta de que la bolsa de
dulces ya no estaba, la habían hurtado; pobre Hans Michael, estaba muy triste.
Hambriento, dirigióse hacia la calle a ver si un alma caritativa le ofrecía
ayuda alguna. Una mujer regordeta y de mal talante díjole: -¡hazte a un lado
mugroso, no estorbes!-; un ricacho que pasaba algo furibundo díjole
también: -no tengo cambio muchacho; ¡no me vayas a tocar, tienes las manos
sucias!- El joven Hans sentándose en el suelo, cedió a las lagrimas. De
pronto una mano su hombro tocó y el joven Hans unas dulces palabras escuchó. -¿Qué
tienes amiguito?; ¿tienes hambre?; mi nombre es Joseph Ross-. Joseph Ross,
era un filántropo multimillonario que siempre al prójimo ayudaba; el joven Hans
contóle lo sucedido, y por qué triste estaba. -¿Para que sirve el dinero si
no es para ayudar a los demás?-, y el filántropo respondió: -para nada
más-. Joseph Ross estaba encantado de conocer a un joven con tales ideales.
Él era un hombre soltero de 60 años, y nunca había tenido hijos, así que
decidió adoptarlo. Al joven Hans encantóle la idea de un hogar tener y en la
escuela poder aprender. –Entonces mañana empezarás, irás a la escuela y de
estudiar te encargarás-.
Todo sucedió entonces como Mr Ross había dicho;
el joven Hans, a la escuela asistió. Era una escuela grande y hermosa, donde
los hombres más ricos e importantes de la ciudad inscribían a sus hijos. El
joven Hans a otros muchachos conoció, eran muy diferentes a él cuenta se dio. –Son
tan frívolos y sólo piensan en fruslerías- decíase. -¿Qué tan rico es
vuestro papá Hans?- preguntóle uno de ellos. –No lo sé, nunca me lo he
preguntado, sólo me preocupa la pobreza que en la ciudad hay- díjoles a sus
petulantes compañeros, y en seguida, a burlarse comenzaron. Uno de ellos que
era muy cínico dijo: -me gustaría que todos los pobres murieren-; otro
con desprecio dijo: -si, estoy de acuerdo, no hacen otra cosa mas que
dinero pedir, y mi papá siempre les tiene que dar-. Brandon Doyle, que era
otro chico que en el grupo encontrábase, díjole al joven Hans: -Venid
conmigo Hans, no les hagáis mucho caso, cómo podéis gastar vuestro dinero os
enseñaré-. Brandon Doyle era un joven con buenas intenciones que buscaba la
amistad de Hans, sin embargo, muy diferentes eran; Brandon acostumbrado estaba
a las comodidades de su fastuosa vida y aquello ejercía fascinación en Hans
Michael. Pronto, dejó de preocuparse por lo que antes le preocupaba. Esto a
Joseph Ross no le agradaba ya que Hans Michael mucho dinero gastaba. –Ya no
es el mismo muchacho de antes, el dinero lo ha corrompido, apartándolo de sus
ideales-. Joseph Ross profundamente herido se sintió y aquella noche en su
lecho feneció. La vida de Hans Michael daba un vuelco inesperado; de ser un mendigo,
pasaba a ser el único heredero de una inmensa fortuna. Al saberlo, su corazón
se alegró en un acto execrable de felonía hacia el hombre que le ofreció hacer
realidad sus ya marchitos sueños.
Muchos años habían pasado y Hans Michael
habíase convertido en viejo. Sus amargos recuerdos eran su única compañía en su
frustrada vida, vacía y sin sentido; cuya juventud, dedicado había al derroche
superfluo de su fortuna. -¿Para qué sirve el dinero?, al fin mi duda
resuelta está; para nublar el sentido de la razón y convertirnos en aquello que
reprimimos al no conocer abundancia ni exquisitez; oh utopía por la ambición
inoculada, jamás consumada será. Solo y menesteroso nací, y más solo y
menesteroso me voy de este prolífico mundo que para plañir me concibió.
FIN DEL CUENTO ¿PARA QUÉ
SIRVE EL DINERO?
Escrito por: Carlos de los Reyes.
martes, 28 de febrero de 2012
El conocimiento de las palabras conduce al conocimiento de las cosas. (Platón).
Este blog lo quiero dedicar al mayor filón arqueológico: "el lenguaje", pero sobre todo al nuestro; herencia inalienable de una cultura ancestral, que inexorablemente evoluciona al paso de los años. Mi entrañable amigo el "lenguaje" es digno de estudio, ya que como diría Ernst Cassirer: "el lenguaje, está íntimamente amalgamado con la historia y la vida del hombre".
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